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miércoles, 16 de febrero de 2011

Febrero en casa

Como no puede ser de otro modo, volvemos a casa, a nuestro querido Aragón, donde siempre nos acogen tan bien.
El día 19, próximo sábado, actuaremos en el teatro municipal Miguel Fleta de Utebo a las 20:00, actuación para la que nuestros amigos de Cultura Utebo nos están haciendo una propaganda impagable, gracias. 
Y en Zaragoza, el 22 daremos una rueda de prensa en el Hotel Boston a la 13:00 para presentar las funciones del Teatro del Mercado (Plaza Santo Domingo, s/n) que serán:
Jueves     24 de febrero 21:00 h
Viernes    25 de febrero 21:00 h
Sábado    26 de febrero 21:00 h
Domingo  27 de febrero 19:00 h

Podéis adquirir las entradas a través de la CAI aquí 
Os esperamos en el teatro con energías renovadas después de nuestro paso por Buenos Aires.



No os perdáis las ventajas que publicamos en  http://www.facebook.com/Cabaredecariciaypuntapie 

miércoles, 7 de abril de 2010

La curvatura de la córnea

Escrito por JAVIER LÓPEZ CLEMENTE
Jueves, 10 diciembre 2009

Cabaré de caricia y puntapié  (ir al blog)




La compañía El Gato Negro en coproducción con el Centro Dramático de Aragón presenta, en el Teatro Principal de Zaragoza, la obra “Cabaré de caricia y puntapié”, una tesis doctoral sobre algunas de las canciones de Boris Vian. Un tipo que derrochó ironía y talento es sus facetas de ingeniero, novelista, dramaturgo, poeta, traductor, músico y cantante hasta que murió de un infarto en 1959 a la edad de treinta y nueve años.
Lo han leído bien. El público, pese al cartel anunciador y al espacio donde se desarrolla, disfruta de la lectura de una tesis doctoral, un texto que nació a partir de un trabajo de improvisación del equipo artístico de esta producción, y esa condición lo deja abierto a constantes mutaciones, a pequeños guiños por los que se cuela la actualidad. El espectáculo se construyé sobre una disertación en torno al triángulo isósceles tipo AVV. Los matemáticos enamorados, los registradores de la propiedad y los tesoreros de fincas rústicas ya saben de lo que hablo: Una triada explosiva formada por el amor, la violencia y el vecindario. Una forma geométrica que reúne una decena de composiciones musicales de Boris Vian; traducidas por Alberto Castrillo-Ferrer, director del evento, y arregladas con elegancia por Miguel Ángel Remiro para llevarnos, entre otros, a los terrenos del jazz, del cha-cha-cha y del rock and roll.
Todo esta dispuesto para que el espectáculo universitario vaya más allá de la lectura de unos folios. La gran novedad de la presentación de esta tesis es la utilización del escenario como recurso pedagógico, de esa manera, el entorno cabaretero de bambalinas y candilejas se puebla con los personajes que Boris Vian imaginó para componer sus canciones.
La parte más ortodoxa de la crítica teatral ha dicho que en el comienzo de la función suele producirse un incidente que embarulla el argumento y la trama. No hagan caso. Es cierto que algunas veces las cosas no salen como estaban previstas — vaya descubrimiento pensarán— pero para eso se creó esa máxima que dice: El espectáculo debe continuar, y les aseguro que continúa. Es posible que el día que vayan a ver esta función el orden lógico del discurso se altere, ustedes no lo hagan, relájense en sus asientos y ya verán como todo fluye por el territorio de lo comprensible.
Carmen Barrantes y Jorge Usón serán sus guías, dos camaleones sobre el escenario con la energía y la intención de regalarnos una sinfonía de personajes, dos actores cantantes en constante mutación amorosa, la cara y cruz de ese sentimiento que siempre oscila entre una caricia y un puntapié: Una masoquista, dos carniceros franceses a ritmo de tango y la búsqueda de un aceptable tono académico. Un tío, su sobrino y la bomba atómica. Una abuela, su nieta y el materialismo. Un pijo, un desertor y dos intelectuales a hostias. Una alocada secuencia donde los actores alternan papeles al más puro estilo cabaretero con las coreografías de Beatriz Carvajal para acentuar el humor de las situaciones, y la dificultad de un trabajo vocal, bajo la batuta de Raquel Agudo, que imprime personalidad propia a cada uno de los números musicales.
“Cabaré de caricia y puntapié” es la excusa perfecta para olvidar la melancolía y dejarse mecer por el humor. La receta que estaban esperando contra la gripe estacional: Un puñado de excelentes canciones, dos actores en estado de gracia y el aderezo de la risa.

Opinión: "Cabaré de caricia y puntapié"

Escrito por JOAQUÍN MELGUIZO CANAL
Viernes, 11 de Diciembre de 2009 20:08

Pasen al cabaré
Lugar y día: Teatro Principal de Zaragoza. 9 de diciembre de 2009

Largos y merecidos aplausos se escucharon en un concurrido Teatro Principal a la finalización de "Cabaré de caricia y puntapié", el espectáculo que ha realizado El Gato Negro, en coproducción con el Centro Dramático de Aragón, sobre canciones Boris Vian, artista crítico y polifacético (músico, compositor, novelista, dramaturgo, poeta) que, aunque poco conocido entre nosotros, fue una figura imprescindible de la bohemia parisina de los años cuarenta y se ha convertido en un nombre de culto en Francia.
La propuesta que firma Alberto Castrillo-Ferrer (hace poco dejó una muestra de su buen hacer teatral con su magnífica versión de "El mercader de Venecia") no se limita a tomar un puñado de canciones y aliñarlas con cualquier hilo pseudo-argumental hasta rellenar una hora y media de
espectáculo. Muy lejos de esto, este cabaré de El Gato Negro se sustenta en una compleja e inteligente estructura dramática que se mueve por diferentes planos (el universo de las canciones de Boris Vian, el juego metateatral, la historia de tesis doctoral que vertebra el espectáculo) acompañada con solidez por las coreografías de Blanca Carvajal, el acertado vestuario de Marie-Laure Benard y el diseño escenográfico de Manolo Pellicer que plasma sobre la escena el ambiente cabaretero (candilejas, biombos a modo de bambalinas…) y posibilita el rico juego de movimientos, entradas y salidas, que llenan de dinamismo el espectáculo.
Hay un buen trabajo dramatúrgico (tal vez lo más flojo sea la escena de Colette) que se convierte en cuerpo, palabra y gesto, por medio de una precisa (nada sobra ni es superfluo) puesta en escena muy teatral, con un magnífico manejo del ritmo, con capacidad para sorprender, con ideas, que integra brillantemente trabajo actoral, canciones y coreografía en un todo coherente que convence, comunica, llega y transmite.
Y naturalmente, un sobresaliente trabajo interpretativo (sorprendente Jorge Usón, excelente Carmen Barrantes). Actúan y cantan con seguridad y desparpajo, llenando el escenario, inundando la platea de autenticidad, entregándose en cada uno de los variopintos personajes que se enseñorean sobre la escena. Todos creíbles, todos entrañables, todos reconocibles,
todos tocados por la magia del teatro. Una propuesta de calidad y llena de
diversión. Imprescindible.

Joaquín Melguizo Publicado en Heraldo de Aragón, 11 de diciembre de 2009 (ver en pdf)